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Los cuentos de Mayrit... continúan
¡¡¡Sssssshhhhhh!!!... No se lo digáis a nadie porque como siempre, me va la vida en ello Por mí sabéis que yo, Mayrit, Princesa del Lejano Oriente, vivo refugiada en la ciudad de Madrid. Por mí también sabéis que fui criada y educada en el gran palacio de mi padre, en la bella y lejana ciudad de Samarkanda, capital de Ubezkistán, ciudad muy importante en el siglo XIV porque fue el centro de la vida intelectual del Asia musulmana. (Pertenece a Rusia desde que en 1868 fuera conquistada por ésta). Sin embargo, desde que llegué a la ciudad de Mayrit -hoy conocida por Madrid- quedé prendada de ella de tal manera que desde hace ya muchos años es mi segundo amor. Es por ello por lo que me dedico a recopilar curiosidades, anécdotas, leyendas, el origen de los nombre de sus calles,... con tanto afán. Sabed ¡oh nobles caballeros y bellas damas! que quien lo quiera, de la mano de vuestra amiga Mayrit, podréis recorrer virtualmente mi tan amada ciudad.
Para quienes no lo sepan, recibí el bonito nombre de Mayrit, en recuerdo de la ciudad que fundara allá por el siglo IX el emir de Córdoba, Muhammad ben Abd-er Rahman, más conocido entre los cristianos por Mohamed I. Hasta 1083, mi ciudad formó parte de Al-Ándalus. A lo largo de algo más de doscientos años en que Mayrit fue musulmana sirvió de plaza fuerte de vigilancia. Desde una torre-atalaya (donde hoy se levanta el Palacio Real) se vigilaba el paso de las tropas cristianas por Somosierra, Tablada y La Fuenfría, así como el cruce de caminos hacia Segovia, Zaragoza y Toledo, capital del reino musulmán. Para reforzar la vigilancia se construyeron una serie de atalayas, repartidas cada 40 kilómetros, a través de la cuales, con señales de humo por el día y hogueras por la noche, se avisaba de la presencia de tropas cristianas. Quedan varios topónimos madrileños que recuerdan estas torres-atalayas: Torrelodones, Torrejón, Torrelaguna, Torremocha, Valdetorres. En la provincia de Madrid se conservan en la actualidad las atalayas o torreones de El Berrueco, Arrebatacapas, El Vellón, Torrelodones y Venturada, todas del siglo X, como recuerdo de lo que en tiempos fue un eficaz sistema de comunicación. ¡Oh! nobles caballeros y bellas damas!, quien se acerque a mi tierra por el camino de Castilla (hoy conocido como carretera de La Coruña), podrá observar en una colina la atalaya de Torrelodones, muy bien restaurada y conservada, vigilando el paso de todo aquel que llega a mi ciudad, tal como lo hiciera en épocas pasadas. Desde esa atalaya, yo Mayrit, Princesa del Lejano Oriente, os doy la bienvenida: ¡Sed todos bienvenidos a la ciudad de Mayrit, ciudad sin puertas, ciudad donde todo el que llega es bien recibido, ciudad donde nadie se siente extranjero, ciudad donde a todos os recibimos con los brazos abiertos!
Del pasado musulmán de la ciudad de Mayrit tan sólo quedan tres vestigios: 120 metros de muralla árabe, el pozo y la fuente de San Isidro.En la cuesta de la Vega podemos contemplar los restos de la muralla que los musulmanes construyeron con pedernal en el siglo X y que constituye el resto de muralla árabe más antiguo de España. En la plaza de San Andrés, en el Museo de San Isidro, se halla el citado pozo, de 25 metros de profundidad más 5 de agua. Por cierto, un agua ¡riquísima! Según la leyenda, en él se cayó el hijo de nuestro santo patrón, San Isidro, quien hizo que las aguas subieran pudiendo así rescatar al niño sano y salvo. La fuente de San Isidro está adosada a la ermita del mismo nombre y cuenta la leyenda ¡como no! que San Isidro, con su cayado, hizo brotar el agua de una roca pelada diciendo «cuando Dios quería, aquí agua había», para que su patrón, Iván de Vargas, pudiera beber. Y el agua brotó de la roca, saciando la sed de su amo. En la romería que se celebraba el 15 de mayo, festividad del santo, se oía primero misa en la ermita y luego se bebía agua de la fuente y en cada trago repetía esta jaculatoria: «San Isidro hermoso, / patrón de Madrid, / que al agua de un risco, / la hiciste salir».
La masyid (mezquita) de Mayrit, consagrada cristiana cuando las tropas del rey Alfonso VI conquistaron Madrid en 1083, se hallaba muy cerca de la actual Catedral de la Almudena. De ella nada nos queda en la actualidad salvo el nombre árabe que tomó la catedral en su recuerdo, y que deriva de almud, cuyo significado es alhóndiga o alholí, lugar donde se guardaba el trigo llamándose por ello almudes las medidas de trigo. Cuenta la leyenda que allí, junto a la alhóndiga, se halló la imagen de la Virgen de la Almudena, oculta durante cerca de cuatrocientos años. La había escondido un herrero en el año 722 para evitar que los musulmanes la profanaran. Cuando Alfonso VI conquistó Madrid se buscó afanosamente y sin éxito la imagen. Tras nueve días de plegarias y preces un trozo de una de las torres de la muralla se partió apareciendo la imagen de la virgen flanqueada por dos cirios que la habían custodiado a lo largo de casi cuatro siglos.
En la cercana plaza del Alamillo -pequeña plazuela que constituye uno de los rincones más bonitos y tranquilos de Madrid- se dice que estuvo situado el alamud o tribunal árabe donde se situó el ayuntamiento árabe en tiempos del califa de Toledo, Hiscen. Nada queda tampoco de él tan sólo lo que nos dice otra leyenda que afirma que debajo de la plaza hay varios túneles subterráneos que van a parar a distintos lugares a las afueras de la entonces pequeña villa de Madrid y que eran utilizados tanto por musulmanes como cristianos para poder salir y entrar sin ser vistos y evitar así tener que hacerlo por las vigiladas puertas de la amurallada ciudad.
Y hablando de las puertas de la muralla, de las cinco que daban acceso a Madrid, nada nos queda de ellas salvo el recuerdo de algunos de sus nombres en la toponimia, como Puerta Cerrada, en la plaza de igual nombre, puerta que la mayor parte del tiempo permanecía sin abrir porque era la preferida por los ladrones para asaltar a los que entraban o salían de la ciudad por la noche y porque, dadas las características del terreno, casi siempre tenía un gran charco a la salida de la ciudad que hacía intransitable su acceso; otra, la Puerta de Moros, así llamada por conducir a la Morería de Madrid y a Toledo, nos ha dejado igualmente su nombre en otra plaza. De la que no queda ni rastro en nuestra ciudad es de la Puerta de Balnadú, nombre que al parecer procedía de Balneaduo o puerta de los Baños -en referencia a unos baños árabes cercanos- o de Bab-al-Nadur, que significaba puerta de las Atalayas.
¡Oh nobles caballeros y bellas damas!... no quisiera cansaros o aburriros con mis "cuentos" sobre Madrid. Habéis podido comprobar cómo disfruto del pasado musulmán de mi tierra, pasado del que la mayoría de la gente desconoce. Espero que con lo que os he contado sirva para que comprendáis el amor que le profeso a Madrid y que tantas horas me roba. Quien quiera saber más de Mayrit/Madrid no tiene más que preguntarme. Yo, Mayrit, Princesa del Lejano Oriente, con sumo gusto os ayudaré a recorrer virtualmente mi bella ciudad. ¡Que Alá os proteja de todo mal! ¡Salam-alei-khum!
Recibid un beso furtivo de,

¡Sed feliz!
¡No me olvidéis!
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